Halloween or "Dia De Los Muertos" In Mexico The Bones are Disinterred

Jack Nicas y Marian Carrasquero pasaron varios días entre las osamentas del panteón de Pomuch, Campeche, en México.

New York Times


Spanish and English Mix


Maria Luisa Euan looked on tenderly as her second husband gently cleaned the pile of bones that was once her first.

With a white cloth, Jorge Jurado wiped down a femur, dusted vertebrae and polished each of the scattered teeth of his wife’s deceased husband, one by one.

“It’s with love and affection,” said Mr. Jurado, 66, brushing the dirt from what appeared to be a finger. “When she feels happy, I feel happy, too.”

Ms. Euan agreed. Days earlier, they had cleaned the bones of Mr. Jurado’s first wife.

“At our age, we don’t get jealous,” said Ms. Euan, 69. “And with the dead who have gone to rest, even less.”


María Luisa Euan miraba con ternura cómo su segundo marido limpiaba suavemente el montón de huesos que una vez fueron su primer esposo.

Con un paño blanco, Jorge Jurado limpió un fémur, quitó el polvo de las vértebras y pulió uno a uno cada uno de los dientes dispersos del difunto marido de su esposa.

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“Es con amor y cariño”, dijo Jurado, de 66 años, retirando la suciedad de lo que parecía ser un dedo. “Cuando ella se siente alegre, yo me siento alegre igual”. 

Euan estuvo de acuerdo. Días antes, habían limpiado los huesos de la primera mujer de Jurado.

“A nuestra edad, no tenemos celos”, dijo Euan, de 69 años. “Y con los finados que se fueron a descansar, menos”.

Aquí, en Pomuch, Campeche, un pueblo de 10.000 habitantes de la península mexicana de Yucatán, la exhumación es un acto de amor.
The map shows the Mexican town of Pomuch, in the state of Campeche, on the Yucatán Peninsula.
 
Una turista posando en el cementerio de Pomuch el Cementerio. Young Turist takes Pics in the Cementery.The New York Times

It is also a ritual of increasing interest to tourists, and to local officials who sense an opportunity — a point of rising tension in Pomuch, one of the final places in Mexico with a living tradition of cleaning the bones of the dead.

Every year in the weeks leading up to Mexico’s famed Day of the Dead holiday — celebrated this weekend — residents of Pomuch head to the cemetery to unpack boxes of disassembled skeletons and dust off their loved ones’ bones, in a ritual intended to honor and soothe the spirits of their ancestors.

“We haven’t abandoned you, and I don’t plan to,” Mauro Canul, a 41-year-old Navy officer, said to his grandfather’s bones as he dusted them with a paintbrush.


También es un ritual de creciente interés para los turistas y para los funcionarios locales que perciben una oportunidad: un punto de creciente tensión en Pomuch, uno de los últimos lugares de México con una tradición viva de limpieza de los huesos de los muertos.

Cada año, en las semanas previas a la famosa festividad mexicana del Día de Muertos —que se celebra este fin de semana-— los habitantes de Pomuch se dirigen al cementerio para desembalar cajas de esqueletos desmontados y desempolvar los huesos de sus seres queridos, en un ritual destinado a honrar y calmar a los espíritus de sus antepasados. 

“No te hemos abandonado y no pienso abandonarte”, dijo Mauro Canul, oficial de la Marina de 41 años, a los huesos de su abuelo mientras los desempolvaba con un pincel.

Dijo que su abuelo le había visitado en sueños pidiéndole más atención. Ahora Canul estaba sentado frente a dos pilas de huesos —su abuelo y su abuela— con mechones de pelo enmarañado sobre cada cráneo. “No los puedo ver físicamente”, dijo, “pero sí los puedo tocar”.
Cleaning the bones of a loved one at the Pomuch cemetery.CreditCredit...
ImageUn hombre y una mujer frente a la entrada de un cementerio rodeado por un muro blanco.
María Luisa Euan y su marido Jorge Jurado después de limpiar los huesos en el cementerio de Pomuch el jueves.

The ritual has roots in the Maya civilization that dominated the region until Spanish colonizers arrived in the 1500s.

Scholars believe that Mayans sometimes exhumed remains and rearranged bones as a way to honor the dead, part of a larger belief that death is a passageway to an afterlife where ancestors look after their descendants. It is that belief that underpins Mexico’s Day of the Dead celebrations, which typically involve altars with offerings to deceased relatives’ souls.

Mexico is built on the mixing of Indigenous and Hispanic cultures, and that is true in Pomuch, too. Much of the town’s population has Mayan heritage and is deeply Catholic. Several residents cleaning bones this week cited the Bible as the basis.





El ritual tiene sus raíces en la civilización maya que dominó la región hasta la llegada de los colonizadores españoles en el siglo XVI. 

Los estudiosos creen que los mayas a veces exhumaban los restos y reorganizaban los huesos como forma de honrar a los difuntos, parte de una creencia más amplia de que la muerte es un pasaje a una vida después de la muerte en la que los antepasados cuidan de sus descendientes. Es esa creencia la que sustenta las celebraciones mexicanas del Día de Muertos, que suelen incluir altares con ofrendas a las almas de los familiares fallecidos.

México se basa en la mezcla de culturas indígenas e hispanas, y eso también es cierto en Pomuch. Gran parte de la población del pueblo tiene herencia maya y es profundamente católica. Varios residentes que limpiaban huesos esta semana citaron la Biblia como fundamento.

Lázaro Hilario Tuz Chi, a Pomuch historian and anthropologist, said Pomuch has long had a rich history with the dead. It was once an important stop on a Maya route to a holy burial ground and a producer of burial shrouds. He said that helped breed a culture focused on the afterlife, which has become even stronger over the past two decades as he and other locals have promoted the bone-cleaning tradition.

As a result, Pomuch has recently landed on the Day of the Dead tourist circuit.

Last week, tour groups of French and Italian tourists spilled out of vans in front of the small tortilla shops across from Pomuch’s cemetery. Couples and families arrived in rental cars. One Dutch couple said they were there on the advice of ChatGPT. Drones sometimes hovered overhead.


Lázaro Hilario Tuz Chi, historiador y antropólogo de la localidad, dijo que Pomuch tiene desde hace mucho tiempo una rica historia con los muertos. En su día fue una parada importante en una ruta maya hacia un cementerio sagrado y un productor de mortajas funerarias. Dijo que ello contribuyó a crear una cultura centrada en la vida después de la muerte, que se ha fortalecido aún más en las dos últimas décadas, cuando él y otros lugareños han promovido la tradición de la limpieza de huesos.

Como resultado, Pomuch ha aterrizado recientemente en el circuito turístico del Día de Muertos.

La semana pasada, grupos de turistas franceses e italianos se bajaron de furgonetas delante de las pequeñas tortillerías situadas frente al cementerio de Pomuch. Parejas y familias llegaron en coches de alquiler. Una pareja neerlandesa dijo que estaban allí por consejo de ChatGPT. A veces se veían drones sobrevolando la zona.
Una mujer con un vestido negro y gafas de sol posa para una foto entre tumbas de colores, mientras una mujer mexicana con un huipil bordado mira.
Una turista posando en el cementerio de Pomuch el jueves. 

Coloridas estructuras cubren la zona con una hilera de árboles al fondo.
El cementerio de Pomuch, donde los osarios de hormigón contienen varias cajas de huesos cada uno.
The cemetery is a labyrinth of narrow passageways between multicolored, concrete ossuaries, each full of boxes with skulls peeking out. The tight quarters meant that, as locals laid out the remains of their loved ones, tourists often crowded around. Some asked permission to record with their limited Spanish or via their tour guide, while others simply arrived with their phones already filming.
 
El cementerio es un laberinto de estrechos pasadizos entre osarios de hormigón multicolores, cada uno lleno de cajas con cráneos que se asoman. La estrechez del lugar hacía que, mientras los lugareños depositaban los restos de sus seres queridos, los turistas se agolparan a menudo a su alrededor. Algunos pedían permiso para grabar con su limitado español o a través de su guía turístico, mientras que otros simplemente llegaban con sus teléfonos ya filmando.

“I don’t know if I’d be able to do this with my relatives,” said Chiara Ciliberti, 32, an Italian tourist on a group trip to Cancún. 

This year, local officials tried to capitalize on the growing interest.

On Oct. 21, Pomuch’s local government posted on social media that it was offering a chance for people to observe and “participate” in the bone cleaning for 30 pesos, or about $1.60.

Pomuch residents quickly criticized the idea of turning their tradition into a tourist attraction, and many were confused over whether they would have to pay to enter the cemetery.

“The ritual is something totally private. It belongs to the family and their deceased,” said Carlos Ucán, a state lawmaker from Pomuch who criticized the plan on the floor of the legislature. “Many open it up and invite others to see, but even that is already crossing the fine line between sharing and monetizing.”


“No sé si sería yo capaz de hacer esto con mis familiares”, dijo Chiara Ciliberti, de 32 años, turista italiana de una excursión grupal a Cancún.

Este año, las autoridades locales intentaron aprovechar el creciente interés.

El 21 de octubre, el gobierno local de Pomuch publicó en las redes sociales que ofrecía a la gente la posibilidad de observar y “participar” en la limpieza de huesos por 30 pesos, unos 1,60 dólares.

Los habitantes de Pomuch criticaron rápidamente la idea de convertir su costumbre en una atracción turística, y muchos se mostraron confusos sobre si tendrían que pagar para entrar en el cementerio. 

“La ritualidad es algo totalmente privado. Es de la familia con sus difuntos”, dijo Carlos Ucán, legislador estatal de Pomuch, quien criticó el plan en el pleno de la legislatura. “Muchos lo abren e invitan a los demás a conocerlo, pero hasta ahí ya es ya pasar esa delgada línea de compartir a monetizar”.
Imágenes a continuación: María Eredina Has Colli limpiando la osamenta de su difunto esposo. Como parte de su recibimiento a los espíritus, los habitantes limpian las tumbas en el panteón de Pomuch.

Maria Eredina Has Colli cleaning the bones of her late husband. As part of their welcoming of the spirits, residents tidy up tombs at the cemetery in Pomuch.
Finalmente, el gobierno local dio marcha atrás. El alcalde de Pomuch, Cevas Yam, dijo en una entrevista que su equipo se había comunicado mal, pero que aún así quería encontrar una solución que equilibrara las oportunidades económicas con la conservación cultural. “Pues hay un turismo sustentable”, dijo. “Pero es algo muy muy sensible”.

Los habitantes parecen divididos.

Eventually the local government reversed course. Pomuch’s mayor, Cevas Yam, said in an interview that his team had communicated poorly, but that he still wanted to find a solution that balances economic opportunity with cultural preservation. “There is sustainable tourism,” he said. “But it’s a very, very sensitive issue.”

Locals appear split.

“I want this tradition to be made known,” said Mr. Canul, just before holding up his grandfather’s skull for several French tourists to photograph. “We’re happy you’re here.” 

Not all neighbors were as comfortable. A local handyman, José Fernandez, said his business charging 40 pesos, or about $2, to clean a box of bones was thriving. He said that he cleans roughly 200 remains a year, and that many clients hire him to avoid being under the gaze of outsiders themselves.


“Yo quiero que esa tradición se dé a conocer”, dijo Canul, justo antes de levantar el cráneo de su abuelo para que varios turistas franceses lo fotografiaran. Y expresó su alegría de recibir a los visitantes. 

No todos los vecinos se sentían tan cómodos. Un manitas local, José Fernández, dijo que su negocio, en el que cobra 40 pesos (unos 2 dólares) por limpiar una caja de huesos, estaba prosperando. Dijo que limpia unos 200 restos al año, y que muchos clientes le contratan para evitar estar ellos mismos bajo la mirada de los forasteros.
Un hombre con una caja al hombro camina entre tumbas.
José Fernández lleva años trabajando como limpiador de huesos en el cementerio de Pomuch, cobrando a sus vecinos por limpiar los huesos de sus familiares.

A man cleans bones laid out before him, while two other people are placing flowers.
Un hombre limpia los huesos depositados ante él, mientras otras dos personas colocan flores.
En el ritual anual, los residentes locales limpiaban los huesos de sus seres queridos, el miércoles.

Tradicionalmente, los lugareños exhuman los cadáveres de sus familiares tres años después de enterrarlos. A veces, los sepultureros limpian los restos de tejido en descomposición, antes de que los familiares froten los huesos con ron o cal viva y los dejen al sol para que se sequen.

En los años siguientes, la limpieza consiste sobre todo en cepillar ligeramente los huesos, un proceso que tiene más que ver con la conexión emocional y espiritual con el muerto que con la limpieza propiamente dicha, dijeron los lugareños.

Una vez desempolvados, los huesos se envuelven en una nueva tela blanca bordada y se colocan en una caja hasta el año siguiente. 

Muchos residentes dijeron que limpian los huesos de sus abuelos o padres, quienes les enseñaron la tradición, y la semana pasada, varios vecinos de mayor edad habían llevado consigo a hijos o nietos con la esperanza de que esos parientes más jóvenes limpiaran algún día sus huesos.

“Lo hacen también el día que lo necesitan. Sus hijitos también tienen que hacerlo” , dijo Dulce Cohuo, de 84 años, observando cómo su hija pulía el cráneo de su marido. “Es una cadena que no se puede romper”.

Muchos en Pomuch han estado recibiendo con beneplácito su creciente reputación. La calle principal de la ciudad que lleva al cementerio está llena de murales de calaveras, y el viernes, su festival del Día de Muertos atrajo a miles de personas.

Mesas con una calavera, huesos y cajas torácicas.
Los huesos son el motivo central de las celebraciones del Día de Muertos de Pomuch.
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En una calle oscura, caminan personas con coloridos trajes y tocados.
Desfilando por la avenida principal de Pomuch en el festival del Día de Muertos, el viernes. 

Locals traditionally exhume their relatives’ corpses three years after interment. Gravediggers then sometimes clean the remnants of decomposing flesh, before family members rub the bones with rum or quicklime and leave them in the sun to dry.

In subsequent years, the cleaning largely involves lightly brushing the bones, a process that is more about the emotional and spiritual connection with the dead than any actual cleaning, locals said.

Once dusted, the bones are wrapped in a new white, embroidered cloth and arranged in a box until the next year.

Many residents said they clean the bones of grandparents or parents who taught them the tradition, and last week, several older residents had brought along children or grandchildren with the hope that those younger relatives would one day clean their bones.

“They’ll do it on the day they need to, and their children have to do it, too,” said Dulce Cohuo, 84, watching her daughter polish her husband’s skull. “It’s a chain that can’t be broken.”


En la celebración, un grupo de maestros locales preparó la comida tradicional del Día de Muertos de Yucatán: el pibipollo, un gran tamal relleno de pollo, envuelto en hojas de plátano y cocido bajo tierra. Se cree que el proceso, de origen maya, representa un cuerpo en una tumba, y tiene tal conexión con la muerte que algunos lugareños se saltan el ritual si un ser querido ha muerto recientemente.

Los maestros dijeron que querían educar a los visitantes a Pomuch sobre la tradición. Esperaban que la comunidad pudiera hacer lo mismo con la limpieza de los huesos, preservando al mismo tiempo la práctica.

“Se le ha quitado esta intimidad que tenía, pero la gente, yo percibo, que no lo ve con malos ojos, sino lo ve como una manera de difundir lo que es Pomuch”, dijo uno de los profesores, Eduardo Puc Medina.

¿De qué se trata Pomuch?

“No solamente honramos a nuestros muertos, ¿no?”, explicó su colega Marco Mut. “Convivimos todos los días con ellos”.
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Una caja abierta de huesos en una tumba abierta.

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